| El alma de la
materia
La vida es un conjunto de acontecimientos inesperados que traen como
consecuencia otros muchos- y en ese plan, como diría Francisco Umbral.
Uno de estos acontecimientos me permitió entrar en
contacto, por pura casualidad con la obra de Javier Olayo. La persona que
me condujo a él fue sumamente discreta y no me dio una sola
pista de lo que hacía este artista. Sólo me invitó
a conocerle. Así que el día que fui a visitar su estudio,
realmente no tenía la menor idea de lo que me iba a encontrar. Lo
primero que recuerdo fue un cuadro grande, en proceso, cuyos fondos por
sí solos ya eran capaces de captar el interés de cualquier
persona con un mínimo de sensibilidad artística. Después
fui entrando poco a poco en un mundo matérico de calidades, texturas,
veladuras y cromatismo contenido que he de confesar me dejó enormemente
impresionada.
Desde entonces he tenido la suerte de volver allí en algunas
ocasiones y, cuanto más veo la obra de Olayo más convencida
estoy de su calidad y de su fuerza. Porque, siendo una obra en general
sosegada, emana la fortaleza, la seguridad y la coherencia que da una trayectoria
dedicada a investigar nuevos caminos que apuntan a una sola dirección.
Y es que todo en la obra de Olayo es coherente: la distribución
espacial, la composición, la gama cromática, el modo de aplicar
el color. Incluso en trabajos de hace bastantes años, de una época
en la que el artista empezaba a reducir los elementos figurativos utilizados
hasta entonces para ir entrando poco a poco en el camino de la abstracción,
se puede apreciar ya algunas de las características presentes todavía
en sus obras: esas composiciones en las que todo el peso de la materia
se arremolina hacia el centro del soporte , en contraste con los sutiles
y suaves fondos desnudos alrededor. Un cromatismo sosegado y poderoso a
la vez, dominado por las gamas grises, azules, tierras y arenas. Las texturas,
esas mágicas texturas que provocan en el espectador el impulso de
querer tocar la obra. Y por supuesto la materia, los objetos incorporados
e integrados de tal manera que sin ellos nada tendría sentido. A
veces he querido ver influencias de maestros como Torner, Saura o Farreras
en esos cuadros, pero es sólo un espejismo.
Al final siempre acabo rendida a la evidencia de que la obra de Javier
Olayo tiene personalidad propia, se sale de cualquier tendencia o movimiento
y busca , investiga y mantiene su propio camino. O dicho el palabra de
Lourdes Cirlot, “ se propone antes que nada dejar patente la existencia
de la obra per se , intentando lograr su autonomía independientemente
de que pueda o no someterse a la interpretación, de diversos espectadores”.
Es como él mismo: dinámica, abierta, segura, fuerte, tranquila
e irónica. Porque la obra de Javier Olayo es el resultado de la
cuidados selección intelectual de una serie de elementos tomados
de la realidad, del exterior, que después son procesados, incorporados
a lo interior, a lo mental, para expresarlo conjuntamente mediante un sistema
lingüístico no figurativo personal e intransferible.
Pero creo que no es posible comprender el conjunto de la obra de
Olayo sin pararse por un momento a reflexionar sobre sus magníficos
papeles y cartones. Es en estos soportes - en los que el artista se mueve
con una soltura envidiable- donde podemos conocer al Olayo en estado puro.,
al que se expresa con más frescura y espontaneidad, al que
es capaz de reducirlo todo a la esencia con una acertadísima combinación
de consecuencia de la casualidad, pinceladas rápidas y seguras,
trazos dinámicos y asentados, colores exactos y expresivos y a veces
un punto de collage que es, sin dudad alguna, como el bigote: la sal del
beso. En fin, que estamos ante un artista de trayectoria silenciosa y continuada
que posee una obra desconcertante por su calidad, pos su personalidad y
por su coherencia. Un artista que ha dado alma a la materia, y por tanto
vida a cada una de sus obras. Y estoy segura de que de aquí en adelante,
su voz se hará escuchar con claridad y contenido e un mundo en el
que muchos hablan pero muy pocos tienen algo que decir.
Milagros López |