| No alcanzo a imaginar el silencio,
prolongadas tardes, persiguiendo percibir la leve respiración del
frío material. Impetuoso latido del crepúsco sucumbiendo,
señero, estrellando los sueños, reventando presiones, simulando
pasión.
Andar, impresionado, bajo la inquietante sombra de paisaje otoñal,
Interrogarse de no ser sino nimia proyección entre esforzadas especulaciones.
Ir, pletórico, hacia la rugiente noche, exigiendo metamorfosis.
Alguien, no recuerdo, ha descrito la luz del horizonte. Tal vez se mezclen
el tiempo, la ausencia, el caos; ilusión de cuanto no es. Una sombra
se cruza entre más, ineluctabilidad de los héroes en la sempiterna
lucha contra... ¿contra qué, quién...? Pudiera ser
un prolongado equívoco desbarrándose por el tiempo, entre
apocados gimoteos, palabras entrecortadas. Acudir, a través de convulsos
reflejos, forjando la tensión muscular, resignándose a la
esencia.
Infinito pudiera perpetuarse un gesto, una evocación, cualquier
callada.Y unos pasos hacia elíptico laberinto...
No cabe el mundo tras un tímido gesto, una mirada vidriosa, mudos
labios. Alcanzar los últimos descensos, en la agotada noche oscurantista.
Una muchacha, menuda, busca una respuesta en dura roca, reedificando intenciones.
Amanece. Camino, lento, entre erguidas efigies.
F. Vilaboa
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