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El arte, definía Kandinsky, es puro reflejo de la superficie de la conciencia, pero no queda sólo en la superficie. Así este producto de la expresión íntima del ser, necesita de la plástica, de la materia, de la forma, de los colores y los signos, de la gestualidad de las líneas y de la profundidad de las texturas, de todo ello hasta constituirse en comunicación, en contacto entre individuos, conocedores ambos de los mismos códigos visuales, de una cultura común, al fin partícipes juntos del mismo mensaje. |
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