AMARO Y SU OBRA
Nuestro pintor y grabador Manuel Amaro Gallego, cordobés de
Bélmez, consigue llevarnos a través de sus obras de alto
interés onírico, al fondo de un surrealismo que aflora, desencadenando
una serie de piezas de la más preciada abstracción lírica,
de contenido matérico. Este interés por la materia, se remonta
casi a sus inicios cuando estudiaba en la Escuela de Artes Aplicacadas
y Oficios Artísticos o en la Escuela de Cerámica, todo este
aprendizaje desembocó en sus primeras obras, allá por el
año 1979-80, llamadas “Fosilizaciones”, pequeños cuadros,
donde el relieve adquiría protagonismo, junto con una gran sobriedad
en el color.
Interesante muestra para la reflexión, la que nos presenta AMARO,
reflexión que se nos acentúa más en este final y principio
de milenio donde el artista intenta buscar soluciones a multitud de preguntas
e interrogantes que él se provoca, con el afán de encontrar
esos resultados que satisfagan a su sociedad, nos habla de la soledad,
del alma atormentada en la búsqueda interior, sufriendo, provocando
una erupción de signos, que proyecta en el lienzo en forma tan delicada
que precisa apoyar en base matérica, que previamente ya ha suministrado
en forma de polvo de mármol o cualquier otro material que a su alcance
se encuentre, dándole a la obra un carácter informalista,
integrándose a la armonía general.
Son obras, las de esta exposición, para contemplar en silencio,
en quietud profunda, despacio, intentando que cada cuadro nos permita descubrir
lo desconocido, entrar en el subconsciente de AMARO, interrogarle, pretender
que el artista nos proporcione un trozo de su espíritu, una porción
de su desasosiego, para junto a él poder reivindicar el camino que
corresponde a una existencia, a un carácter proyectado en su sueño.
Llegar al correcto equilibrio de este lenguaje simbólico, festejando
en cada cuadro un acertado nacimiento, un instante mantenido en un área
de fuerzas y tensiones que recorren el filo de las gotas del tiempo que
nos empapa. Superficie de una textura emergente, pintura para ser tocada,
color para ser hablado, las obras de AMARO son espejo del alma, al
mirarlas reconocemos nuestro interior, que en forma de agua voladora se
nos escapa, no conseguimos mantenerlo atrapado, confabulado con el tiempo,
nuestro interior se escapa, tiempo que ocupa su lugar en el cuadro hostigando
a la memoria.
AMARO desarrolla el arte abstracto no como una alternativa más
del arte contemporáneo, sino como columna vertebral que es, de la
pintura del siglo XX y comienzos del XXI; con entronque en el expresionismo
abstracto americano y una mirada al informalismo español, colocándose
en una situación inmejorable para ir más allá de la
plástica, a un viaje desconocido. Espero que esta aportación
que nos regala AMARO, sea ariete con el que el arte entre en el siglo XXI.
Antonio Adsuara
12.10.97
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