DIARIO
CORDOBA, CUADERNOS DEL SUR
Jueves, 22 de Marzo del 2001
NATURALEZA Y COLOR
Arnulfo Muñoz expone sus Obras en “Arte 21”
Tristemente acostumbrados a presenciar exposiciones en soportes y formatos
convencionales, es refrescante y saludable para la cultura artística
de una ciudad encontrarse, aunque sea muy de vez en cuando, con esfuerzos
más o menos transgresores de la dinámica acomodaticia generalmente
asumida. Entrar en un espacio donde las piezas se cuestionen aspectos más
transcendentes que el mero verismo y la corrección en la representación,
apostando por posiciones algo mas comprometidas, suele revertir en una
experiencia estética más lúdica y compleja, a la vez.
Este es el caso de la exposición individual que Arnulfo
Muñoz exhibe en la Galería Arte 21 hasta el 31 del mes de
marzo. Tras el título de “Carne Eres” se oculta una sistemática
alineación del material artístico en su estado más
“bruto” parta transfigurar su conformación aparente y sugerir significados
más transcendentes. Es constante su interés por agredir y
mancillar la materia, siempre oxidada o quebrada, carente de cualquier
atisbo de refinamiento, produciendo piezas que confrontan violentamente
la pureza del material orgánico con la acción humana. En
estas piezas Muñoz recupera, en definitiva, ese apego a las cualidades
expresivas de la materia que tan profundamente contribuyó AM ala
segunda revolución del siglo XX, el Informalismo. Siguiendo el camino
de los Fautrier, Tapies y, sobre todo, Dubuffet. Arnulfo Muñoz se
reencuentra con la superficie, la textura y el óxido pero no como
fin en sí, sino como intermediario formal a través del cual
generar las figuras mitológicas que pueblan su imaginería.
En su serie dedicada al desierto del Sahara o en las “Gigantas”
aparece el tosco tratamiento de las superficies, el recurso a materiales
de forma o arpillerías o el empleo de pasta pictórica de
vivos colores mezclada con arena, tan recurrentes en la producción
matérica de los años cincuenta, pero siempre subordinados
a la sugerencia figurativa en su elaboración. Siempre subyuga en
su contemplación esa doble cualidad significativa de ciertos objetos
que son capaces de sugerir formas otras sin perder su reconocimiento real.
Hay en la obra de Arnulfo Muñoz esa intencionada ambigüedad
evocativa de los objetos encontrados picasianos, que desde la certeza de
su diseño como piezas metálicas pletinas, etcétera,
provocan toda una serie de elucubraciones figurativas. Elucubraciones que,
en ocasiones, parecen discurrir por derroteros excesivamente simplistas,
proponiendo composiciones demasiado unívocas, demasiado evidentes,
trabajos que “coquetean” peligrosamente con un cierto regusto de superficialidad,
pero destacables, no obstante, en tanto ejercicio de relativa independencia
respecto de obtusos hábitos que pueblan el vecindario del arte en
Córdoba.
Oscar Fernández
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