Luis Rapela
Es difícil comentar una obra que se sustraiga de su materia,
en especial la escultura. Y en particular cuando esta materia es cerámica.
Conseguir que el Barro traspase la consideración
de su origen, para Ser, de pleno derecho, escultura, en su
más alta consideración, ese es el logro de este gran escultor.
Agustín, en su obra, hace convivir la calidez de los materiales,
con el sentido de la geometría, aplicándose tanto a sus formas,
como a sus relaciones de composición, sorprendiendo por su mezcla
de fuerza, orden y armonía.
Maestro de la proporción. Baraja perfectamente la relación
entre lo vacío y lo lleno (sus vacíos son también
formas), y estos vacíos y llenos, con una sabia alteración
del color de la tierra.
El resultado es un conjunto donde impera el equilibrio.
"Luis Rapela"
Cayetano Aníbal
En el año 1992, con motivo de una exposición de Agustín
Ruiz de Almodóvar en la Galería D' de Bubión, escribí
sobre su obra que, entonces y siempre, me había parecido que pretendía,
tanto en los aspectos formales como en los conceptuales, indagar en lo
más profundo de las realizaciones que encontramos en la raíz
de todas las culturas, es decir, en los aspectos primarios.
Después de seis años, su producción creativa responde
a las líneas en que se desarrollaban aquellas otras piezas de 1992.
No es caer en la repetición de mi juicio sobre su obra ni es
la de su proceso creativo, sino que toda se estructura dentro de las coordenadas
de la coherencia, de la obra que responde a un pensamiento ya hecho, convencido
de que esas son las formas de su expresión, con las que se identifica
y que lo identifican.
En la evolución de un hombre hay un momento en que llega a ser
uno mismo, encontrando su identidad, a partir de sus experiencias y de
todas las influencias que le han ido conformado.
Se dice, alguien lo dijo, que a partir de un punto, la obra de un artista
es sólo una. Una, pero en infinitas variantes y posibilidades de
variaciones.
Si analizamos este "axioma" la personalidad del hombre es una, pero
con el inmenso abanico de expresiones que sus relaciones con la sociedad,
y a tenor con las circustancias que se presenten.
Y volviendo a la obra de Agustín Ruiz de Almodóvar, ésta
se desarrolla en la atemporalidad de sus propios principios, entre las
paralelas de sus identificaciones.
Es obra que se mueve entre la arquitectura como elemento y la escultura
como concepto. Que utilizada la técnica y el lenguaje de la cerámica
(arcillas, cuarzo, feldespatos... horno...); Que tiene raíces en
la historia más primitiva, como fundamento cultista, y que persigue
la emoción estética alejada de lo decorativo superficial
y, aún más, de lo utilitario y del arte del consumo.
Grandes paños de solería con restos de muros que podrían
conservar las huellas de la comunicación que es el paso del tiempo
y el vibrar de la tierra con el paso de los ciclopes.
Pilares que nada sostienen sino su propio equilibrio pero que pudieron
quedar como testigos de cubiertas desaparecidas.
Celosías de cerramiento que guardaron enigmas entrevistos y que
ahora descubren sus estructuras modulares rotas y reveladoras de otros
misterios.
Hitos que fijan sus propios límites, o que marcan un hecho desconocido.
Los distintos episodios de la historia de los pueblos al comenzar sus
andaduras o, incluso, el germen de los mismos, podrían quedar reflejados
en esta obra de Agustín Ruiz de Almodóvar como factores estimulantes
de la memoria de esas culturas a las que tanta sensibilidad, belleza
y signos de lo permanente debemos y que es necesario recuperar y usar de
modelos.
En la obra de Agustín Ruiz de Almodóvar están presentes
los pasados, tanto de nuestras civilizaciones como los de las más
alejadas e, incluso, aquellas que son leyenda: La Atlántida....
Granada 19 de mayo de 1998
"Cayetano Aníbal" |