Las Criticas a la Obra de Borges Soto
“Roland Borges Soto: maestro de la cosmogonía pictórica del Caribe.”
 
                                                                           MsC Nadia Chaviano Rodríguez.


“Todo el mundo quiere entender el arte. ¿Por qué no prueban a entender el canto de un pájaro? ¿Por qué amamos la noche, las flores, todo lo que nos rodea sin probar a entenderlo?”
                                                                                                         Pablo Ruiz Picasso.


 La Historia del Arte pudiera ser otra si el ejercicio crítico de los teóricos anclara su mirada en las múltiples personalidades que al margen de modos y estilos llegaron a convertirse en paradigmas de los discursos artísticos. Este llamado al replanteo historiográfico de las artes plásticas tendría necesariamente que fusionar la trascendencia de lo singular con la generalidad de lo común. Con seguridad, la plástica caribeña escalaría un sitial preferencial dentro del panorama del arte más contemporáneo.

Roland Borges Soto (1954), resulta una figura imprescindible en la historia de la plástica puertorriqueña y del Caribe gracias a la riqueza cultural  de sus propuestas, a la maestría en la manipulación de los recursos expresivos y a la consolidación conceptual de su arte a través de una poética  propia, fuente inspiradora de muchos discípulos. 

Nacido en Nueva York, de padres puertorriqueños, su nombre se encuentra en la Gran Enciclopedia de Puerto Rico, formando parte  de una tercera generación de creadores. Pintor, serigrafista, escritor, crítico de arte y profesor de la Escuela Regional de Bellas Artes de Arecibo, ha participado como jurado y crítico en numerosos certámenes así como en significativas exposiciones en Europa y en Estados Unidos. Recientemente su obra “La negra tiene tumbao” fue seleccionada para representar a Puerto Rico en la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Marbella, España.

Desde niño, mostró sus extraordinarias dotes para la creación pictórica que fueron descubiertas por el insigne Don Oscar Colón Delgado a quien conoció en su taller de Arecibo. Con él  compartió su primer bodegón realizado al pastel donde ya aparece su interés por el tratamiento del color. En lo adelante, su talento y tenacidad se han impuesto en su trayectoria, matizada por una sólida formación artística bajo la tutela de nombres tan ilustres como Félix Bonilla Norat, Osiris Delgado y Luis Hernández Cruz.

“Lo bello es siempre  extraño” afirmó en una ocasión Beaudelaire  para referirse a la extravagancia que suponía la rebeldía del Romanticismo, lo cual lo hacía particularmente subyugante. En lo adelante, la referencia al uso del color y a la dinámica compositiva fueron puntos obligados para artistas, maestros y críticos. El empleo expresivo del color  hace a Borges Soto heredero de figuras paradigmáticas del arte universal en orientaciones muy variadas: de las veladuras de Rembrandt a la brillantez de Delacroix; de la eficacia de Goya al cientificismo de Renoir, de la sugestión pictórica de Paul Klee a los planos cromáticos quebrados de Picasso.

 Para el maestro, este elemento se revela como una sinfonía de disímiles melodías tan lejanas como el arte mismo y tan cercanas como la fuerza telúrica de la tradición pictórica de su querido Puerto Rico. Precisamente en ello reside uno de los aportes más relevantes de su faceta de artista y educador, en confirmar que el empleo atrevido e intelectual del color ya es una herencia para sus continuadores, legándonos una extraordinaria lección ética cuando expresa que “verdaderamente artista es el hombre que cree absolutamente en sí porque es absolutamente él mismo”.

Sus treinta años de magisterio le han brindado la posibilidad de formar a varias generaciones de artistas no sólo como creadores, sino como entes sociales. Con su nobleza de espíritu, declaró que se siente privilegiado ayudando a sujetar la escalera mientras alcanza un nuevo peldaño. Como dijera el gran cubano José Martí, “honrar, honra”, en 1999 cuatro de sus discípulos (Frank Martínez Andújar, Martín García, Félix Bonilla y Pedro J. Román), organizaron  la  exposición “Torreros.  Homenaje a Borges Soto”, en el Museo del Faro de los Morrillos como muestra de continuidad y respeto. Es común entre ellos el  elogio al maestro, materializado en la amistad que transita las pruebas del tiempo y que los ha convertido de discípulos en colegas.

Desde los inicios de su carrera profesional, Borges Soto  se encuentra incluido como artista invitado en la Muestra Nacional de Pintura del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Su obra ha sido reconocida en múltiples ocasiones como el premio obtenido en el Primer Salón de Arte Universitario auspiciado por la Compañía Gulf Oil Caribe, Primero y Segundo Premios en Pintura Mural Auto Show en Arecibo y el Primer Premio en el Certamen de Pintura convocado por el Club Cívico de Damas entre otros.

Todo el arte del Caribe es un largo camino que recorre el mestizaje, la voluntad integrativa y las consecuencias de la deculturación colonial y postcolonial. Este proceso deculturador sólo puede enfrentarse desde la clandestinidad de los valores culturales originarios  con una cultura de resistencia.

En las obras de Borges Soto se respira la búsqueda interna de su identidad, una identidad total, primigenia, transcribiendo al soporte  su manera de expresar el mundo con la soltura de los materiales  y la universalidad de su origen. Su discurso va desde lo ancestral como herencia legítima de lo caribeño hasta los últimos espacios de referencia contemporánea. En sus tres décadas de trayectoria artística ha vivido momentos pletóricos de creación, de proyección incesante y ha transitado por diferentes etapas dirigiéndose siempre al crecimiento humano.

Cualquier aproximación a la extensa producción pictórica de Borges Soto, se torna una ardua tarea debido a la diversidad temática y a la versatilidad estilística exhibidas en series  donde la abstracción geométrica se adueña de toda la superficie (“Viernes Santo”), en piezas que cantan y bailan al compás de los ritmos sensuales del Caribe (“La negra tiene tumbao”) y otras más actuales donde las figuraciones , tanto de retratos  (“Autorretrato proyectado”) como  de paisajes (“Luna sobre tulipán”), cobran formas más declaradas.

Aún cuando su producción pictórica muestra un excelente aprovechamiento de estilos históricos  figurativos como el expresionismo y el surrealismo, la abstracción emerge como la mejor opción para construir una estética intimista y de indagación filosófica en torno al ser humano, demostrando que es uno de los grandes pintores abstractos de la actualidad.  Verdades y dudas, contemplaciones y reflexiones coexisten en espacios integradores que buscan inquietar y movilizar al espectador. 

Resulta admirable el cuidado que pone el maestro en cada una de las piezas hasta imbricar el protagonismo de los colores con la funcionalidad compositiva de las líneas y las texturas. Ofrece un conjunto de soluciones  que enmarcan la gran variedad de los temas,  afirmando  la caribeñidad  con voz auténtica y renovación constante.

Las pinturas de Borges Soto transpiran la belleza y el misterio de todo producto sincrético tratado con seriedad y respeto. Ello se fundamenta básicamente en que estamos frente a una pintura retiniana de inteligente rejuego entre los elementos geométricos, denotadores de una mayor racionalidad en el mensaje y otros de impulsos más intuitivos y lúdricos. El artista factura con ternura  y precisión cada detalle hasta lograr un producto de elevada calidad y resonancia estética.

Un rostro será identificado por procesos de activa observación (“Guaracha en azul”), haciendo de cada obra una  parte del  universo. Este fenómeno ejemplificado en sus retratos, puede generalizarse al resto de sus temas y géneros, lo cual habla  del eficaz dominio del diseño en el creador. En esta orientación artística, Borges Soto ha establecido algunos principios dentro del cuadro a manera de invariantes como son la sugerencia  de las formas a partir de la continuidad y el cerramiento de las áreas de interés, el contrapunteo entre lo figurativo y lo abstracto y la recia personalidad cromática de los verdes y los anaranjados.

Una lectura más profunda nos lleva a especular acerca del significado de la reiteración de tres puntos o círculos integrados a la trama principal de las obras, a veces como elemento complementario y otras, como elemento protagónico.  Podemos entender esta constante como  identidad sígnica que enfatiza en la energía constructiva del artista en favor de un discurso sólido y la proclamación de su espacio en el panorama de la pintura puertorriqueña.

A la altura de su madurez creativa, no existe línea divisoria que escinda sus facetas de hombre y artista, ni haga disminuir sus pasiones por la creación y el magisterio en esta prodigiosa región. Para el maestro Borges Soto,  ningún lugar del mundo puede tener mejor acomodo para  vivir y crear. En él se han unido para siempre los caminos que conducen a la trascendencia artística, los mismos que hacen brotar con vehemencia sus raíces identitarias, ocupando por derecho propio un destacado lugar en la cosmogonía pictórica del Caribe.
 

MsC Nadia Chaviano Rodríguez
Critico y profesora  en la Universidad Central de Las Villas en Cuba
 con especialidad es el Arte del Caribe

Inicio estilos 
El autor 
Lista autores
Sala 1
Exposiciones Correo