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LA MENTIRA DE LA REALIDAD Desde que tuve la fortuna de presenciar la proyección de “El misterio Picasso”, a finales de los 60, mi capacidad de imaginar y crear, gozaron de un cambio decisivo. Ahora mis cuadros son una serie de destrucciones. La pintura se ha convertido en algo más fuerte que yo. El arte como afirma Picasso, no es la verdad. El arte es una mentira que nos permite acercarnos al público de que su mentira es la verdad. Las intenciones en arte no valen nada, se tiene que pintar lo que se encuentra, lo que no se busca. Cuando se trabaja intensamente, las formas acuden por sí mismas, los cuadros aparecen también por si mismo. Aseguraría que todo ocurre por sí mismo, como la vida, como la muerte... Sigue de la página personal Un cuadro, insisto, es una suma de destrucciones, desde el inicio del mismo, hasta el final, existe una metamorfosis considerable. En ocasiones, desde el nacimiento de una obra hasta llegar a la terminación de la misma, el resultado es imprevisible. Espontáneo. El dibujo suele mandar en la obra y el color sugiere formas que definen al tema. Matisse hacía un dibujo y luego lo copiaba, una, dos, hasta varias veces, siempre perfeccionando su trabajo. Matisse estaba convencido de que el último trabajo era el mejor, el más brillante. El definitivo.. posiblemente el primer dibujo es el más creativo. En cuestión de dibujo, el primer trazo suele ser el más acertado. Vargas Llosa decía, y yo comparto su pensamiento, que la realidad no interesa, que el equilibrio estable tampoco interesa, solo la imaginación, la aventura, la libertad, interesa. Interesa naturalmente el aquí y ahora, curioseando e interpretándolo. De alcanzar este objetivo, el impulso creativo crece, aumenta de forma gigantesca. Volviendo a recoger pensamientos de Picasso: el trabajo intenso, constante y riguroso, descansa. El ocio, cansa. Al gran Picasso le gustaba probarlo todo para después volver a empezar. Decía irónicamente: “se tarda mucho tiempo en volverse joven, y advertía que copiar a los demás es necesario, pero copiarse a sí mismo es lamentable. Siempre lo realizaba sin buscar la aprobación, ni la moda. Solo le interesaba su propia aprobación. La de uno mismo, que en definitiva le convierte en el único responsable de su propia obra. R. Crespo.
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