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Como si cada lienzo de Manolo Roldán - Mando - fuese un libro, uno
va penetrando en dos aspectos importantes de la cultura indígena
de América y Venezuela. Con una peculiar concepción de la
perspectiva y el volumen, Mando transcribe a su pintura los colores y el
ámbito del entorno indígena venezolano, el arte de su pasado
y la angustia que en el presente ocasionan los garimpeiros, nómadas
sembradores de miseria. De lo primero, ya Mando había dado cuenta
en trabajos y exposiciones anteriores, cuando asumió como temática
central de su pintura la mitología indígena americana.
Uno de sus cuadros, inclusive, fue reproducido como portada de un trabajo
sobre deidades pre-hispánicas de Venezuela.
En esta ocasión , el artista centra su interés en la llamada
Venus de Tacarigua, una de las más importantes piezas del antiguo
arte indígena de lo que actualmente es Venezuela. Esta Venus es
una figura femenina de 34.5 cms, en arcilla modelada y decoración
incisa, cuyas características le confieren, en opinión de
algunos estudiosos " un carácter único en la arqueología
americana ". Mando se apropia de la forma de la figura, y línea
por línea la recorre con la suavidad de sus manos pinceles de odontólogo
y reproduce para nosotros la fuerza fértil y el nutriente materno
de la Venus, con los colores vivos de la tierra del trópico.....
A la sencillez artesanal de esta pieza arqueológica, Mando añade
la contorsión del parto de la Madre-Venus, coloreándole el
vientre con una especial luz materna y nutritiva. Será por eso que
ante las pinturas que hace Mando de la Venus, uno se siente palpitando
en el útero ancestral del barro indígena venezolano.
Pero el artista va más allá y nos relata en su particular
estilo plástico una de las más recientes angustias de las
sociedades indígenas que pueblan la zona limítrofe de Venezuela
con Brasil. Y es que la ancestral convivencia ejemplar con la naturaleza
en esa área, se ha desequilibrado por el saqueo de oro que hacen
los garimpeiros. En esta ocasión, Mando asume como otro de sus temas
ese proceso depredador que han puesto en marcha estas gentes procedentes
del Brasil, representando aquellas figuras con una fuerza tal en su volumen
y su ubicación en el lienzo, que nos hace partícipes de este
nuevo concepto anti-ecológico del mal, presente en el sur de Venezuela.
Cuando uno mira las pinturas de Mando, se tiene la sensación de
estar hurgando con el artista una parte importante del pasado y el presente
de América Latina, porque Mando convoca en sus pinturas el arte
de los primeros habitantes de nuestra historia y parte del presente de
muchos de sus descendientes. Al escribir esta temática con líneas
y colores, Mando deja espacio para que el espectador descubra las
otras fuerzas que no plasma en sus lienzos, de tal manera que ante los
trabajos de Mando uno vive una doble experiencia: la del espectador que
observa lo pintado en el lienzo y la de quien puede descubrir sentimientos
alternativos ocultos en lo puramente plástico.
( Rafael A. Strauss K. )
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