| Manuel Portera, un pintor nuevo,
joven, extraño, colorista y optimista.
Algo como La Rebelión de los Colores, bocas iluminadas por la
hora, un fuego de alegría en las entrañas, personajes del
cielo, personas del infierno, el suntuoso bestiario de Manolo Portera,
la teratología que él apacienta, han salido a la luz con
su extraño dibujo, con su genial dibujo, y arrastran claridades
por el día, la multitud del rojo, la distancia del verde, esos blancos
diurnos que aligeran la vida. Hoy la nueva expresión está
en la calle, en múltiples pintores que se llaman Manolo, que se
llaman Portera, y hay una furia alegre, un optimismo acerbo de colmillos,
que sonríe en su rauda aparición. Era el impresionismo un
barco viejo, una triste ferralla, cuando la prisa joven de lo nuevo llenó
de multitudes multiformes un día como una noche, una fiesta de gentes
que sólo son pintura y que lo saben.
El rostro dibujado, azul y crema, del sol que se renueva cuando un
hombre lo piensa. Cuando un hombre lo pinta.
Francisco Umbral
Un cuerpo es monolito, tronco de árbol con flores, un cuerpo
se va haciendo desde abajo hacia arriba, y en la cima de pronto, en la
copa del árbol, una cara que aflora, como flor de verano.
Así el cuerpo del hombre, que crece sin destino, se justifica
luego, cuando alumbra una cara, por la sonrisa verde, por los ojos que
piensan, por los cielos que se cruzan esa frente con frutas.
Francisco Umbral
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