JOSEFINA ALVAREZ SORIANO EN GALERIA S´ART
Prosigue ininterrumpidamente el ciclo de exposiciones en nuestras Salas
de Arte.
Ahora le toca el turno a una gran paisajista, oscense por su vinculación
a nuestra
tierra por razones de su matrimonio con el pintor de Huesca Angel Gutiérrez
Fanlo:
Josefina Alvarez Soriano, que nos presenta una valiosa colección
de paisajes que
van desde nuestros campos próximos hasta los caserones de la
alta montaña.
En unos u otros indistintamente, juega con toda la gama cromática
de la paleta,
presentándola en su primitiva pureza, siendo la yuxtaposición
impresionista de
colores primarios un tanto exacerbada, hasta lograr un punto de intensa
brillantez
que no es, en ningún momento, estridencia, sino fosforescencia
lumínica en un
mundo de turbulencia emocional que airea y exalta ese torbellino de
sensaciones
pictóricas. Creo que Josefina Alvarez puede ser representante
genuino de nuestro
paisaje oscense, pues ve color donde hay color.
Paisajes, ante todo, de impulso creador, pese a que en pintura, suele
haber
concordancias en todos los estilos, bien sean de inspiración
personal o generalizados
ya por el uso, a veces mediando kilómetros de distancia entre
sus creadores, y esto
es debido sin duda a que se trabaja con unos principios, unos módulos
comunes a
todo artista plástico, sobre todo si se trata de paisajes donde
las posibilidades de
expresión son más limitadas; esto no quiere decir que
exista plagio y menos en la
pintura de Josefina Alvarez Soriano, la que se nos antoja ante todo
de vivencias
íntimas. Sus bellos paisajes primaverales, por el protagonismo
que concede a las
flores, son enfoques aéreos muy logrados, campos de trigales
y amapolas,
montañas de luz diáfana y coloración atmosférica,
la sugestión al aire libre con toda
su intimidad interior, sirve un lenguaje plástico también
de una gran corrección
estructural.
Josefina Alvarez, más que pintar nuestro paisaje, interpreta,
en delicado trabajo,
todo el misterio que encierra la geografía oscense, desbordando
los valores de una
gama intermedia por ese color lumínico, vibrante, límpido,
que no daña, sino por el
contrario, hace de poderoso medio de atracción a la que uno
no puede sustraerse y
sí abandonarse ante estas poderosas razones estéticas
que constituyen su grata
pintura.
Huesca, 21 de Abril de 1979