Las Criticas a la Obra de Josefina Alvarez
OLEOS Y ACRILICOS DE JOSEFINA ALVAREZ 

Indudablemente lo que pinta Josefina Alvarez con estos paisajes es la naturaleza
viva, radiante, fértil y vigorosa. Una naturaleza de intenso cromatismo y frescura,
que parece haber arrebatado la pintora en el momento cumbre de su mayor
esplendor. Son paisajes floridos, pródigos y desbordantes, los que en panorámicas
inmensas cubren la totalidad del soporte. 

La pincelada estampa su carga de color con precisión y ligereza. Titilea ópticamente
el color y la forma emerge suelta, espontánea, en barroca conjunción de delicadas
materialidades. Es una fiesta de rojos, verdes, azules...que relatan emociones y se
agitan en superposición de coherentes y múltiples vibraciones. 

No es la impresión de un paisaje preñado de actividad lo que aquí se nos ofrece.
Son fragmentos arrancados a la naturaleza los que sin perder sus atributos son
mutados con acierto en pintura. Es la naturaleza en todo su derroche de efusión y
magnificencia. Es la vivencia de sí misma. 

Conceptos como refinamiento, meticulosidad realizadora o vigorosidad, tienen
cabida y contribuyen a configurar la delicadeza expresiva que dispone del lenguaje
propicio para ser plasmado en plenitud lírica y de afirmación. Es la aprehensión de
los temas que comparte la emoción. 
Es así que estas pinturas resultan veraces y cercanas, que no por sus connotaciones
realistas dejan de mantener la sensibilidad expresiva mejor entendida y poética -la
misma temática ya lo es- por excelencia. Lejos de caer en la monotonía cada
realización contiene atributos propios que mantienen su independencia dentro de la
unidad monográfica. 

La sincronización entre composición, cromatismo, ejecución e imagen, la logra
Josefina Alvarez con una aparente facilidad, pero tras ella existe una fase selectiva
que ha conducido la armonización y planteamientos plásticos más profundos. 

La artista recrea la vida del paisaje en su cima de envolvente ensoñación y realidad.
Todo su mundo hace referencia a lo sensible, a la amabilidad de una visión que
atesora y trasmite. Su generosidad se plasma en el empaste, en el color, en la
afabilidad realizadora donde la rigidez no tiene en ningún caso cabida. 

Una pintora no solamente para ver, sino para recrearse en ella y gozar de la alegría
que produce su emocionado testimonio.


 
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