LA CROMATICA EXALTADA DE JOSEFINA ALVAREZ
Josefina Alvarez Soriano podría ponerse como ejemplo de pintor-pintora
de ciudad
metida en tradición plástica en la que los niños
que apuntan dotes para la pintura
pasan por las escuelas de artes y oficios hasta que, llegada la edad,
ingresan en la
facultad (antes escuela superior) de Bellas Artes. Los caminos posteriores
suelen
reducirse a dos: exclusivizarse de modo más o menos absoluto
por una galería, o la
enseñanza.
Josefina Alvarez escogió el segundo pese a lo que su actividad
expositora ha sido
Notable desde el 62 hasta la que estos días ha presentado en
la sala de exposiciones
de la CAZAR. En un intento de aproximación a Huesca, su tierra
de adopción por
matrimonio, recaló de catedrática en el Instituto Ximénez
de Rada de la capital
navarra. Sus exposiciones en Huesca se han montado con regularidad
desde el 68,
lo que ha permitido al aficionado seguir una trayectoria evidentemente
ascendente,
presidida por un denominador común: el especial tratamiento
del color.
"La crítica suele etiquetarme como pintora levantina, pese a
ser, por educación, de
la escuela de Madrid, en la que tampoco faltan ejemplos de pintores
coloristas: lo es
Palencia y es colorista San José. Pese a que en la escuela se
seguía mucho a
Vázquez Díaz yo no veía mi camino por ahí.
Seguramente me habría encontrado
más a gusto en la escuela de Barcelona. Me encanta Mir y me
gusta Anglada
Camarasa. Desde niña me ha gustado de la pintura, fundamentalmente,
el color.
Mis orígenes son mediterráneos y eso, desde el subconsciente
pesa lo suyo".
Un especial tratamiento del color, consciente o inconscientemente mediterráneo,
que en la actual exposición se ve complementado por un no menos
especial
tratamiento de la materia. "Ultimamente cuido mucho más la materia
porque me
he dado cuenta del grado de expresividad que tiene. Tal vez se trate
de una cierta
forma de contestación de un grito contra la parte de la sociedad
que me rodea con
la que no estoy de acuerdo. Existe cierta sensación de marginación
que te hace
sentir errante, en busca de una tierra prometida que no acaba de hacerse
realidad
por las circunstancias. Tierra prometida que, geográficamente,
se podría situar en
Berdún, por ejemplo".
Josefina Alvarez, oscense por vocación, toca fundamentalmente
temas
altoaragoneses. Que se cierran invariablemente con un cielo dotado
de un claro
movimiento, a base de curvas rítmicas. "Una de mis frustaciones
es no haber
estudiado música. Los cielos pueden ser la proyección
de ese deseo; pinto
escuchando música y para mí el cielo tiene movimiento;
es dinámico, expresivo...
De ahí sus ritmos".
Hasta el 15 de marzo una visión diferente de la provincia altoaragonesa
cuelga de
las paredes de la sala del Centro Cultural de la CAZAR. La de una pintora
madrileña
con sentimiento oscense. Josefina Alvarez.
Diario del Altoaragón. 12 de marzo de 1986