JOSEFINA ALVAREZ EXPONE 26 OLEOS EN LA SALA DE CONDE DE RODEZNO
Josefina Alvarez Soriano expone hasta el 4 de abril una colección
de 26 paisajes en
la sala de exposiciones de la CAMP, en Conde Rodezno. Natural de Madrid,
pero
residente en Pamplona, compagina su vocación artística
con su profesión: la
enseñanza en un instituto de la capital navarra. Su formación
artística comenzó en
Madrid. Estudió en la Escuela de Artes y Oficios para cursar
posteriormente cinco
años de Bellas Artes. Completó sus estudios, con un curso
de copista en el Museo
del Prado y otro de restauración de cuadros. Su obra está
representada
actualmente en el Museo de Arte Moderno del Alto Aragón de Huesca.
Ha realizado
25 exposiciones individuales en varias capitales españolas y
36 colectivas. La
muestra que expone ahora en Pamplona la configuran diversos paisajes
que dejan
traslucir juegos de luz y color y una visión personal de la
naturaleza. Vital y
expresiva, Josefina Alvarez trata de comunicar su gusto por la vida
a través de su
pasión por la pintura.
"Iluminar el corazón humano"
-¿Por qué ha elegido los paisajes como fuente creativa?
-Me he centrado más en el paisaje porque para mí tiene
una gran fuente de interés.
Me comunica todo lo que yo necesito para poder expresarme, me comunica
las
formas, el color, el sonido que tiene el mismo paisaje.
-Para esa expresión juega con los colores, con diferentes tonos
dentro de una
misma gama.
-Sí, me gusta conseguir conexiones con la música, crear
ritmos, composiciones
rítmicas, buscar melodías. Hay una cantidad de nomenclaturas
en el mundo de la
pintura que son muy parecidas al mundo de la música, como la
armonía, la sinfonía
de color. Me gusta mucho la integración de las artes.
Hacer poesía a través de formas y colores sensibles,
arabescos y formas
compositivas que veo yo en la naturaleza, que es mi fuente de inspiración.
-El dibujo también forma parte importante en sus paisajes.
-Si se observan de cerca sí, porque están dibujados.
Yo creo que el dibujo es
fundamental, es lo primero, se empiezan dibujándolos bien y
luego ya al final se va
pintando, y el cuadro se va quedando más vaporoso, pero tiene
un fondo muy
estudiado de dibujo y de composición.
-¿No ha pensado en otro campo que no sea la naturaleza?
-Yo siempre he sido una pintora figurativa, a mí la abstracción,
aunque la respeto
mucho, no me va. Me gusta reflejar lo que vemos, muchas veces como
se pone en
realidad la naturaleza, porque yo no me invento nada. Con unos contrastes
de
violetas, de amarillos, de naranjas... La primavera es la época
del año que más
atrae por la explosión de vida que supone.
-El impresionismo es determinante en su creación.
-Sí, desde luego, porque para mí las grandes figuras
del arte contemporáneo son
los impresionistas y los post-impresionistas. Pero ha querido configurar
mi propio
estilo, sin quedarme en el impresionismo que es sólo buscar
la luz, los pintores
impresionistas le dan menos énfasis al dibujo en los cuadros
y yo le doy mucha
importancia.
-El ritmo y las formas las consigue a través de líneas
curvas, que constituyen la
base de sus pinturas.
-A mí la línea curva me encanta, es una línea
muy sensible, muy expresiva y
femenina, que tiene mucha gracia. Por ejemplo, trabajar a través
de líneas
quebradas, ya te encuentras con unas aristas que son más antipáticas,
en cambio la
curva es muy suave y delicada. Creo que tendríamos que ser así
unos con otros, ser
amables, tratarnos con delicadeza, no de una forma agresiva ni con
dureza o
aristas, ser más comprensivos.
-No hay duda de que es usted muy positiva.
-Sí, porque pienso que tendríamos que ser así
en la vida, tener un talante positivo,
yo creo que la misión del artista es iluminar el corazón
humano, intentar comunicar
esperanza, ilusión a la gente, alegría. Que en esta vida
se pueden conseguir las
cosas, con esfuerzo, pero que se consiguen, que tenemos que ser positivos,
que
tenemos que ir con un talante más dulce y pacificador, de diálogo,
amistad y cariño.
12 de abril de 1996
DIARIO DE NAVARRA