UN MUNDO FELIZ
No tenía yo el gusto de conocer a Juan Manuel Fuentes del
Ama, y He de agradecer a mis amigos Grant Wood y Lewis Carroll que me sirvieran
de Introductores al feliz pintor, con el que tienen afinidades muy sutiles.
Grant Wood, el moderno gótico de Iowa, fué de los primeros
en actualizar, llenándolo de vida rural y gozosa, el hieratismo
que en otros tiempos concedió a la pintura aquella gravedad un tanto
ingenua que tuvo. Lewis Carroll, al llevar y traer a Alicia por el maravilloso
país de la Liebre de Marzo, se anticipaba tres cuartos de siglo
a la treta surreal de situar las cosas en lugares que nunca tuvieron la
costumbre de ocupar, resolviendo humorísticamente la ecuación
de la realidad y el absurdo.
Otro de los amigos a quienes debo el conocimiento de Juan Manuel
Fuentes del Ama es, Como no podía ser menos, Wilhelm Uhde, defensor
de los pintores de corazón sagrado frente a los maestros de la sabiduría.
Wilhelm Uhde viene a proponer la salvación del arte como una vuelta
al sentimiento de los primitivos: "Lo que importa en las obras de estos
artistas es la expresión. De ahí ese rasgo característico
que les es común, a saber: que sus obras no se parecen a las maravillas
que nos llegaron de Roma, de Venecia, de Madrid o de Amsterdam, y que proclaman
la gloria y el orgullo humanos, sino más bien a las obras, llenas
de fervor y de humildad, de las que nos colmaron Florencia, Siena, Gante,
Perusa..." Y esto es lo que hay que tener en cuenta al entrar en el huerto
cerrado de estos pintores. Quien tenga prejuicios académicos --de
retaguardia o de vanguardia-- que no entre en el jardín delicioso
de Juan Manuel Fuentes del Ama.
Es un mundo feliz, tan coherente en su aparente despropósito,
hecho como está de realidad y absurdo. Como el sueño, cuyas
imágenes nunca se someten al orden de lo acostumbrado. Lo que tiene
de original el mundo de este pintor es su vertiente surreal, conducida
por distintos derroteros a los que nos acostumbró la loca nave del
surrealismo histórico. Juan Manuel Fuentes del Ama, en vez de vestir
sus sueños con las imágenes más o menos sabidas de
lo surreal, los viste a manera de un cuento tocado de felicidad pueril.
Pero, cuidado: en todo País maravilloso acecha siempre una Reina
de Corazones dospuesta a decapitarnos porque le de la real gana.
A.M.CAMPOY |