Por: Ulises
Tales (visionarte), enero del 2001.
Para la muestra Desierto Infinito.
Cuando contemplamos cualquiera de sus obras queremos
coger de la mano a sus personajes y volar con ellos. De hecho si nos dejamos
llevar lo haremos. El hombre siempre ha querido (quiere) volar. Todos (¿todos?)
mientras dormimos hemos soñado alguna vez con ello. Asumiendo como
ciertas las interpretaciones oníricas de este hecho, la pintura
de Lucero nos ayuda a recordar esta gozosa situación anhelada no
realizada, que cuando despertamos y nos vemos vulnerados y rotos por la
cruda realidad se desvanece. Por ello, considero su obra fantástica
en varios sentidos:....
Por: Héctor Daniel Puglisi -Buenos Aires,
2 de junio 1999.
Diario - La opinión
Entre en el departamento del autor, con toda la influencia
del mundo cotidiano, conectándome poco a apoco con el lugar
de trabajo, metiéndome paulatinamente apareció
ese lugar interno que me proponía, y descubrí otra lectura
del ser básico
que todos tenemos.
Esta en el animo de la presente, trasmitir la sensación
que produce la imagen sin meterse en una apreciación técnica.
Las obras de esta exposición, generan un
clima cinematográfico y teatral al mismo tiempo, logrando la idea
de una obra
conceptual, emergiendo de ella, una narración
que puede elaborar a gusto el espectador.
Donde se conecta con la condición humana
desde un lugar intimista con la propia idea de esta, el alma, logrando
con el
transcurso de ese tiempo interno una reconceptualizacion
constante en forma creativa, e implícitamente se convierte uno
en copartícipe de la obra.
Revaloriza un aspecto del ser humano muy devaluado,
que es el de mostrarse internamente y cuestionarse en relación con
el ecosistema, en una virtual conducta ecologisante
de nuestra humana condición, antes mencionada.
Los colores se encienden, y se contrastan con sombras
que solo pueden emerger de sus paisajes y sus personajes, dando
ganas de habitar estos parajes místicos y
placenteros.
Lo sagrado del mundo parece ser la fábula
de un lugar en el que quisiéramos transitar, y aunque solo estemos
por unos
instantes, nos dejara huellas comparadas a las del
viajero que descubre un pueblo jamas fantaseado.
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