Las Criticas a la Obra de Jorge Lucero Villalba Hagelstange
    Por: Ulises Tales (visionarte),  enero del 2001.
    Para la muestra Desierto Infinito.

    Cuando contemplamos cualquiera de sus obras queremos coger de la mano a sus personajes y volar con ellos. De hecho si nos dejamos llevar lo haremos. El hombre siempre ha querido (quiere) volar. Todos (¿todos?) mientras dormimos hemos soñado alguna vez con ello. Asumiendo como ciertas las interpretaciones oníricas de este hecho, la pintura de Lucero nos ayuda a recordar esta gozosa situación anhelada no realizada, que cuando despertamos y nos vemos vulnerados y rotos por la cruda realidad se desvanece.  Por ello, considero su obra fantástica en varios sentidos:....



    Por: Héctor Daniel Puglisi -Buenos Aires, 2 de junio 1999.
    Diario - La opinión

    Entre en el departamento del autor, con toda la influencia del mundo cotidiano, conectándome poco a apoco con el lugar
    de trabajo, metiéndome paulatinamente apareció ese lugar interno que me proponía, y descubrí otra lectura del ser básico
    que todos tenemos.

    Esta en el animo de la presente, trasmitir la sensación que produce la imagen sin meterse en una apreciación técnica.
    Las obras de esta exposición, generan un clima cinematográfico y teatral al mismo tiempo, logrando la idea de una obra
    conceptual, emergiendo de ella, una narración que puede elaborar a gusto el espectador.
    Donde se conecta con la condición humana desde un lugar intimista con la propia idea de esta, el alma, logrando con el
    transcurso de ese tiempo interno una reconceptualizacion constante en forma creativa, e implícitamente se convierte uno
    en copartícipe de la obra.

    Revaloriza un aspecto del ser humano muy devaluado, que es el de mostrarse internamente y cuestionarse en relación con
    el ecosistema, en una virtual conducta ecologisante de nuestra humana condición, antes mencionada.

    Los colores se encienden, y se contrastan con sombras que solo pueden emerger de sus paisajes y sus personajes, dando
    ganas de habitar estos parajes místicos y placenteros.

    Lo sagrado del mundo parece ser la fábula de un lugar en el que quisiéramos transitar, y aunque solo estemos por unos
    instantes, nos dejara huellas comparadas a las del viajero que descubre un pueblo jamas fantaseado.

 

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