Exposición
en Sant Cugat de Vallès(Barcelona)
La evolución estilítica del pintor Josep Lluís
Benet en este último año, ha cuajado en un protagonismo del
color, mayor si cabe, del que tenia este elemento pictórico en su
producción artística. El sentimiento de lo mediterráneo,
que emana de este pintor del levante valenciano de sus orígenes
y se concreta en la Ciutadella menorquina, se ha ido transformando, en
esta última época, desde las líneas ondulantes de
sus barcas, velas, aguas y cielos, soportes de colorido encendido y vibrante,
a manchas de color. Todo ello en un proceso de desprendimiento de formas
y referencias, para que el cromatismo de adueñe, incontenido, de
todo el cuadro.
La velas son ahora ("veles en ocre", "la copa") pura exhalación
alargada que se recorta en estallidos de rojos, ocres, amarillos de carga
expresionista, en lo que es fácil adivinar el ánimo optimista
y potente del pintor.
El la exposición anterior de Freneria se apuntaba ya este expresionismo
que aquí se enseñorea con fuerza creciente. Pero este es
un expresionismo mediterráneo, en el que las brumas de la angustia
del expresionismo del Norte han sido borradas por el gozo del color, que
se aviva bajo la luz poderosa de un sol inclemente que hace crepitar los
cielos en estallido glorioso y que recuerda, solo de lejos, el estallido
encendido de los fuegos de artificio.
Por eso, los cuadros de Josep Lluís Benet que hoy nos muestra,
aun con algunas referencias a la realidad formal, se nos aparecen desligados
de la misma, con una extraña sensación de liviandad, como
si las pesadas rocas ("Les pedreres de s'Hostal", "La roca de l'indi")
flotaran suspendidas, ya que la intencionalidad del artista, desligada
ya de la perspectiva y de los encuadres, juega a transmitirnos la expresión
viva de su sentir ante estos ambientes, a veces solo pretextos, transfigurando
y transcendiendo su realidad (Es Born, Es pou de torn, Sant Joan de Missa).
Es cierto que el pálpito mediterráneo, cargado de apacibilidad
y expresado en líneas horizontales, tiene también su sitio
en esta exposición. Son Fe, El lloc, Les Barreres expresan la pervivencia
de la armonia y la estabilidad sobre los fogonazos de rojos de los cielos
y también de la tierra, encendida por la presencia de los verdes.
Pero las construcciones blancas, apaisadas con sabiduria, equilibran el
conjunto.
Más irreales resultan en "El poble" o Arquerias en la plaza
vieja. En el primero, las tonalidades malvas y moradas, que matizan los
azules, se nos ofrece el perfil de un pueblo imaginado, soñado,
que se levanta, rítmico y compacto, alrededor del esbelto campanario.
La referencia a los pueblos levantinos es innegable, pero la carga de intemporalidad,
evidente. En las arquerias, de un blanco también imaginario, se
prolongan, sin perspectiva de profundidad, las arquivoltas ojivales en
inestable equilibrio... Son una muestra más de la intencionalidad
de Josep Lluís. De ir desnudando su pintura de todo lo que le resulta
superfluo y pueda distraerle y distraernos. Así, su concepción
del mundo que nos muestra, aun siendo tan festiva como en la época
anterior, es más pura, más liviana, y también más
propia, más impactante.
Y si los azules habian tenido siempre -azules "infinitos" habia dicho
la crítica- protagonismo en su pintura, en esta muestra adquieren
tal relevancia que parecen electrizados con luz propia. "Port en blaus",
de enorme fuerza y encanto, muestra ese tono tan peculiar, cuando el azul
se carga de intensidad para invadirlo todo, de la hora anterior al atardecer,
y que en el ámbito mediterráneo, ya desde los árabes,
ha sido una hora especialmente mágica.
Aunque de todos los cuadros que hoy vemos, quizás sea el "Port
en ocres" el que yo destacaria especialmente, porque estimo que define
como ninguno el estilo actual de Josep Lluís Benet. Es la calidez
que gana la partida. Es la mezcla perfecta de realidad y sugerimiento.
El sol declinante enciende las paredes blancas, y produce sombras, también
encendidas, en las ventanas del fondo. El agua es un puro reflejo de luz.
Una exposición que es un recreo para la vista, pues la esencia
misma de la Pintura: Color. Color y Luz. Y la fuerza expresiva que caracteriza
a este pintor genuinamente mediterráneo.
Mª Purificación de Hervás
Doctora en Historia del Arte
Valencia, febrero de 2003
Exposición: Galeria Pou d'Art. Sant Cugat del Vallès.
Barcelona. 8-28/02/2003
Amarillos. Amarillos cálidos y ocres avivados por blancos
luminosos. Azules de densa profundidad en las aguas y vaporosa textura
aérea.
Esta impresión cromática es la que nos invade al contemplar
la Exposición de "Paisajes de mar" que el pintor Josep Lluís
BENET realiza, en esta última quincena de Octubre, en la Sala de
Freneiría 3 de Barcelona.
Pero ésta es solo la primera visión, singularmente festiva
para los ojos. Al ir recalando la mirada en cada una de las telas,
descubrimos más, mucho más.
En las líneas quebradas de color de los mástiles de las
velas de sus barcas, adivinamos los ecos de un VLAMINC. Las pinceladas
gruesas, casi manchas, de colores complementarios que hacen temblar el
agua del mar, nos retrotraen a las aguas, también móviles
y luminosas, del pintor mediterráneo por excelencia, SOROLLA ...
aunque la pintura de BENET, en la que laten todas las inmanencias del impresionismo
y del fauvismo, tiene fuerza propia, destila un vitalismo irrefrenable.
Este pintor, mediterráneo por cuna y por esencia, enamorado por
ello de la luz, ha digerido también, y ello queda patente en sus
cuadros, el expresionismo oscuro del Norte, y nos lo da, transfigurado
y envuelto en color, en las pinceladas rotundas y contornos bien definidos
de sus barcas en reposo, de reflejos serpenteantes, en los profundos y
sugeridores arcos de los soportales de la Ciudadela menorquina y, sobre
todo, en los cielos saturados de color.
La crítica ha hablado de sus "azules infinitos", pero no por
infinitos menos inmediatos, poniendo en ellos todas las vivencias de una
profunda y compleja personalidad que busca expresarse en ese afán
de movimiento, de empuje, visible en sus " Regatas en el puerto " y en
el perfil, solitario y blanco, del barquito que, escorado, surca la teinpestad
con magnífica y definida fuerza. Un regalo para los ojos y
un estímulo para el espíritu.
Purificación de Hervás.
Catedrático de Historia del ARTE.VALENCIA
Barcelona, Octubre 2001
CATÁLEG DE FRENERIA 3. BARCELONA.
16 AL 31 D'OCTUBRE DE 2001
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